Hay hombres deconstruidos, postres deconstruidos, arquitectura deconstruida. ¿Quién no escuchó la palabra en los medios, quién no la leyó en algún cartel? Tal vez la deconstrucción sea la herramienta filosófica que más permeó nuestra cultura. ¿Pero en qué consiste? ¿Cuándo y por qué se inventa? ¿Para qué sirve? Ni destrucción ni actividad desinteresada, este curso muestra cómo, contra lo que pueda parecer, la deconstrucción es una actividad creativa, indisociable de sus efectos políticos.
Derrida y la deconstrucción
¿Juegos de palabras? Fuego de palabras.
Hay hombres deconstruidos, postres deconstruidos, arquitectura deconstruida. ¿Quién no escuchó la palabra en los medios, quién no la leyó en algún cartel? Tal vez la deconstrucción sea la herramienta filosófica que más permeó nuestra cultura. ¿Pero en qué consiste? ¿Cuándo y por qué se inventa? ¿Para qué sirve? Ni destrucción ni actividad desinteresada, este curso muestra cómo, contra lo que pueda parecer, la deconstrucción es una actividad creativa, indisociable de sus efectos políticos.
Tabla de contenido
1. Introducción: ¿qué es la deconstrucción?
11 min
La deconstrucción surge de una paradoja: hay que acabar con la tradición, y al mismo tiempo es imposible eliminarla. Hay que acabar con la tradición, porque ella no es un molde neutro que nos contiene, sino una fuerza invisible que nos determina, y cuanto más nos entregamos a ella, menos libres somos. Y sin embargo, no es posible eliminarla del todo, porque es el lugar de donde venimos, es parte de lo que somos, y destruirla equivaldría a terminar con nosotros mismos. Pero paradoja no significa imposibilidad: la deconstrucción, lejos de paralizarnos ante la alternativa, nos invita a abrazar sus dos términos para investigar cómo situarse en la tradición de modo a transformarla. ¿Cuándo y cómo surge? ¿Cuáles fueron sus primeros intereses? ¿Qué es, exactamente, y con qué se puede confundir? ¿Cuáles son sus efectos concretos y sus objetivos últimos? Las secciones siguientes están destinadas a contestar estas preguntas para presentar una descripción tan precisa como posible de una de las herramientas intelectuales y políticas más originales, poderosas y difundidas del último siglo.
2. El contexto
13 min
La deconstrucción surge a mediados del siglo XX, y tanto como el inconsciente o el capital, tiene la firma de su creador, que es Jacques Derrida. Y su aparición se sitúa entre tres principios que permiten empezar a entenderla: cuestionar el humanismo, lograr que las estructuras no cierren, concentrarse en el lenguaje como estructura. En efecto, la deconstrucción parte de la idea de que el lenguaje constituye una interface ineliminable entre nosotros y la realidad, fuera de la cual, para empezar, no tiene sentido imaginar un nosotros o una realidad. Parte también de la convicción de que ninguna estructura es lo suficientemente sólida como para no contener en sí misma la cifra de su propia inestabilidad. Y finalmente, comienza además con de la sospecha de que el humanismo siempre contiene un sistema jerárquico que privilegia al hombre, ya sea frente a los animales, a los salvajes, a las mujeres o a los chicos. Así, en los principios que le dan origen a la deconstrucción, ya puede apreciarse su potencia revolucionaria.
3. El punto de partida: las matemáticas
14 min
¿Pero concretamente, cómo empieza la deconstrucción? Si su objetivo es tomar algo de distancia, reflexionar y eventualmente cuestionar la cultura a la que pertenecemos y la tradición que la consolida, no debería sorprendernos que la deconstrucción elija como su primer objeto aquello que funciona como modelo para todos nuestros saberes y conocimientos, la matemática. ¿Cómo adquirió la matemática toda su fuerza? ¿Cómo las verdades matemáticas conquistaron la universalidad, la necesidad, la eternidad? La respuesta de Derrida es que esto no fue posible sin la escritura, es decir, sin un lenguaje que les permitiese abandonar la soledad y singularidad de la mente individual, y sin luego una palabra escrita que las fije, que las conserve. Y sin embargo, a lo largo de toda la misma cultura que promueve las matemáticas, de Platón a Rousseau, siempre se privilegió la palabra oral por sobre la escrita, se pensó a la segunda como una copia de la primera. He aquí, entonces, el primer indicio, la primera pista, de una estructura que no cierra, que contiene en sí misma la llave de su inestabilidad: eso mismo que le da a las matemáticas su valor, es aquello que se menosprecia por considerarse una mera copia.
4. Una forma de leer
10 min
En cierto sentido, la deconstrucción no es otra cosa que una forma de leer. Simplemente, leer no es desplazar los ojos sobre el papel ni incorporar informaciones objetivas. Probablemente, para entender en qué sentido la deconstrucción consiste en una forma de leer, previamente haya que deconstruir la lectura misma para concientizar que toda lectura es performativa, es decir, activa, constructiva, y no una simple interiorización de conocimientos; que es una aventura, en el sentido que lo que descubrimos al leer no está dado de antemano en ningún lado, ni en la mente del lector ni en el texto mismo; y que en realidad, al leer, no se trata de descubrir, sino de inventar. Al identificarla con una forma de leer, se querrá acercar la deconstrucción a un método de análisis literario. Pero entonces, por último, hay que recordar que, dado que el lenguaje es coextensivo con la realidad, no leemos solo textos; leemos señas, leemos rostros, leemos imágenes, edificios, ciudades, toda producción de sentido, la realidad entera.
5. “Más de una lengua”
10 min
¿Qué es y qué no es, en el fondo, la deconstrucción? No es un método, porque no se deja enunciar en un determinado número de reglas. No es una crítica, porque no se ejecuta a partir de criterios preestalecidos, y porque ante todo, antes de juzgar, pretende entender. No es una hermenéutica, porque no intenta revelar o descubrir, sino inventar siempre un sentido nuevo ante fenómenos que no tienen un sentido único, último u originario. Y no es un análisis, porque no cree poder alcanzar componentes elementales; al contrario, admite que todo elemento puede descomponerse al infinito. “Más de una lengua”, dijo una vez Derrida para definir a la deconstrucción. ¿A qué se refería? A que toda lengua es desde el vamos muchas lenguas; todo sentido, muchos sentidos; todo fenómeno, muchos fenómenos; y a que el objetivo de la deconstrucción consiste en ponerlos de manifiesto para, eventualmente, usarlos y transformarlos.
6. Los efectos de la deconstrucción
10 min
En efecto, contra lo que pueda parecer, la deconstrucción es ante todo una práctica. O mejor dicho, un gesto, una estrategia, que empieza por contestar la distinción entre la teoría y la práctica, para afirmar que toda teoría tiene efectos prácticos y que toda práctica contiene su propia teoría. ¿Para qué? ¿Por qué? Porque en esta distinción, como probablemente en toda distinción, se esconde un sistema de valores, un orden jerárquico, que inevitablemente conduce a la subordinación de un término en relación al otro. Tomemos por ejemplo las instituciones educativas, los cuerpos docentes. ¿El mejor docente es el que presenta con mayor fidelidad una determinada obra, el que mejor reproduce un determinado contenido? Si lo pensamos de este modo, omitimos todas las pequeñas transformaciones, conscientes o no, que hacen que una reproducción exacta sea imposible, y que tienen un inevitable impacto, tanto teórico como práctico. La deconstrucción es una estrategia que intenta visibilizar y eventualmente intervenir sistemas de valores que no son ni eternos ni inocentes.
7. El límite de la deconstrucción: la justicia
10 min
Pero de vuelta, ¿por qué? ¿Para qué? Cuando Derrida se vio confrontado a estas preguntas respondió con una sola palabra: justicia. Enunció así el límite de una práctica que, aplicada a cualquier elemento de nuestra realidad, parecía no encontrar límites. La justicia es el límite de la deconstrucción en el sentido que es lo único que no puede deconstruirse y aquello que le da a la deconstrucción su sentido. Infinita, inalcanzable e imposible, porque siempre tiene que funcionar como meta, como ideal, la justica, entendida como hospitalidad, como apertura a los otros y aceptación de la alteridad, es lo que termina de revelar el carácter no sólo práctico, sino político de la deconstrucción. No es una actividad política; es una actividad que politiza todos sus objetos.
8. El destino de la deconstrucción
14 min
Desde sus orígenes hasta la actualidad, y en particular gracias a su paso por los Estados Unidos en la década del ’70, la deconstrucción no paró de difundirse. Su alianza con las luchas feministas, los movimientos anticoloniales, las disputas ecológicas, y su versatilidad, es decir, su capacidad para aplicarse a cualquier fenómeno, a cualquier campo, le permitieron alcanzar los medios de comunicación masiva y las campañas publicitarias hasta volverse un sustantivo en nuestro lenguaje corriente. Por supuesto, esto no sucedió sin una cierta tergiversación de su sentido originario. Pero si no hay nada menos indicado que la deconstrucción para sancionar sentidos originarios o para ejercer un control sobre el lenguaje –al contrario, la deconstrucción intenta devolverle al lenguaje toda su vitalidad–, tampoco nada menos indicado que ella, es decir, que un trabajo de lectura atento, cuidadoso, obsesivo, respetuoso, inocente e informado al mismo tiempo, para distinguir sentidos y no tomar una cosa por la otra. “Sigo en guerra conmigo mismo”, dijo Derrida en su última entrevista: la frase muestra cómo la deconstrucción es una tarea infinita que empieza con uno y que siempre desconfía de la comodidad y la seguridad.




